Sé que si me estiro soltaré un alarido. La tremenda necesidad de moverme lucha contra mi instinto natural de permanecer quieta para evitar los pinchazos. Los acontecimientos del día anterior me vienen a la cabeza en cuanto abro los ojos: todo aquel horror, los sonidos de los látigos, los estallidos de dolor, la angustia y el tormento. Y todo ello ha aparecido de golpe en mi cerebro, sin la más mínima cortesía matutina.
Abro los ojos y veo que Nick está profundamente dormido en la misma