—Estoy bien —digo en un vano intento de hacer que se tranquilice. Parece agobiado.
—Pero ¿y si no lo estuvieras? ¿Y si no hubiera llegado cuando lo hice? —Aprieta los ojos con fuerza—. Sólo fui al bar a comprobar que estabas bien, no iba a quedarme. ¿Te haces la menor idea de cómo me sentí cuando vi que te desmayabas? —Abre los ojos y veo que los tiene húmedos y atormentados. Y ahora sé, sin lugar a dudas, que jamás volverá a dejarme sola. Esto no es sano..., ni para él ni para mí.
—¡S