—Ya te dije que de vez en cuando tengo que dejar que te salgas con la tuya. —Alarga el brazo y me limpia una miga de la comisura de los labios—. Tengo que dar para recibir y toda esa mierda.
Una carcajada escapa de mis labios y casi escupo el croissant a medio masticar al atragantarme.
Toso y me doy unos golpecitos con la mano sobre la boca. ¿Dar para recibir? Este hombre está loco.
—¿He dicho algo gracioso? —pregunta.
Levanto la vista y veo que está muy serio. ¡Joder!
—No, nada, es que se me