Me giro y lo veo observándome detenidamente, con la barbilla temblorosa.
—Aquí ya no tengo nada que hacer —digo, y me dirijo hacia la puerta.
El aparador parece pesado, pero no tengo ocasión de comprobarlo. Nick se interpone en mi camino y detiene mi progreso. Respiro hondo y lo miro.
—Que sepas que no voy a irme, pero sólo porque no puedo. Voy a salir ahí y me voy a tomar algo, y mañana por la noche saldré de fiesta con Lucas. Y tú no vas a impedírmelo.
—Eso ya lo veremos —responde, m