—¿Ah, no? —Está perpleja—. Mi chico ha dicho que sí.
—Es una conversación que tenemos pendiente —le explico—. No le gusta que le digan que no. Al menos, que yo le diga que no.
La frente brillante de la mujer se llena de arrugas.
—¿Qué me dices? ¡Pero si mi chico es un amor!
Me atraganto.
—Sí, eso me han dicho. —Si alguien más me dice que es un amor, un hombre que se toma las cosas con calma y tal, voy a vomitar.
—Es muy agradable tener a una mujer en casa —dice tomando un limpiador de deb