No sé cuáles son los porqués ni los detalles que hay detrás de esa afirmación, pero el poder de esas palabras lo dice todo. No puede vivir sin mí. Yo tampoco podría vivir sin él. Este hombre es mi mundo.
Permanece muy quieto encima de mí y me deja abrazarlo hasta que me duele el cuerpo.
—¿Puedo darte de comer? —pregunto cuando mis muslos empiezan a protestar a gritos.
Me levanta de la cama, todavía aferrada a él, me saca del dormitorio y me baja por la escalera.
—Se me va a olvidar c