Me besa con fuerza. Asalta mi boca con decisión y frota su erección contra mí. Dios, quiero arrancarle la ropa. Ahora, esto no tiene nada que ver con hacer el amor... Tampoco es que vaya a quejarme.
—¿Por qué no te has puesto un vestido? —pregunta, malhumorado, metiéndome la lengua. Eso mismo quiero saber yo. Me lo habría subido a la cintura y Nick ya estaría dentro.
—Me estoy quedando sin vestidos.
No he llevado nada a la tintorería desde que llegué, y casi toda mi ropa sigue en casa