—¡No! —aúllo—. Él ha intentado besarme y le di un empujón. Estaba a punto de irme. —Me duele la frente de tanto fruncir el ceño.
Me sobresalto cuando empieza a pegarle puñetazos al volante.
—No vuelvas a decirme que soy posesivo, celoso y que exagero, ¿me has oído?
—¡Eres más que posesivo!
—Addison, en dos días te he atrapado con dos hombres que estaban intentando meterse en tus bragas. Dios sabe qué habrá pasado cuando no estaba presente.
—No seas imbécil. Estás paranoico. —Sé que