—Claro que puedes, y es justo lo que vas a hacer. Le estoy pagando más que suficiente a tu jefe. —Se levanta y se acerca a mi lado de la mesa—. Tienes que decirle a Paolo que estás viviendo conmigo. No voy a andarme de puntillas con él mucho tiempo.
¿Estoy viviendo con él? Tomo la mano que me ofrece y me pongo de pie. Lo dejo que me conduzca afuera del restaurante. No, no va andarse de puntillas. Va a pasarle por encima.
—Eso me complicará las cosas en el trabajo. —Intento hacerlo razonar—