—Lo estaba, estaba mucho más que enfadado. Estaba como loco, Addison. —Se masajea las sienes en círculos intentando borrar el recuerdo.
—¿Por qué?
Se detiene en mitad del masaje.
—Porque no podía tocarte. —Lo dice como si fuera tonta. Capta mi mirada confusa porque se lleva los dedos a la frente y apoya el codo sobre la mesa—. La idea de no poder tocarte hizo que me entrara el pánico.
«¿Qué?»
—¡Pero si estaba en la habitación! —exclamo un pelín demasiado alto. Miro alrededor para asegur