—Cállate, Addison. En realidad, ahora mismo estás demasiado delgada —me regaña. La verdad es que lo estoy.
Le dejo que me ponga los pantalones cortos, la camiseta y las deportivas.
—Es una tortura —refunfuño.
—Ve a lavarte los dientes. —Me da una palmada en el trasero y voy al cuarto de baño, arrastrando los pies y echando la cabeza atrás para dejar bien claro que lo estoy haciendo de muy mala gana.
Me cepillo los dientes, saco una goma del pelo del bolso y bajo la escalera. Está en la p