—¡Oye, que yo no le he dicho nada! —Está muy a la defensiva—. No hace falta ser un genio para imaginarse dónde está Addison.
—No le abras, Lucas —le suplico.
Una combinación de distintos golpes llega desde la puerta principal. Dios, no quiero verlo. Mis defensas no están lo bastante fuertes ahora mismo. Salto al oír otra serie de golpes, seguidos de un coro de bocinazos que proceden de todas partes.
—¡Por el amor de Dios! —grita Lucas, que echa a correr hacia la ventana—. Mierda. —Sube la