—Siempre placer —contesta, enigmático.
—¿Eres consciente de que me estas follando como un cobro a un favor que te hizo Paolo? —siseo —. ¡Lo cual me convierte en una puta!
Una expresión de enfado le cruza la cara y se inclina hacia mí desde su sillón.
—Cállate, Addison —me advierte—. Y, para que lo sepas, después gritarás. —Vuelve a reclinarse en el sillón—. Cuando hagamos las paces.
Suelto un profundo suspiro. Lo mejor para todos sería que mandara a la porra su ayuda ahora mismo. Paolo