*—Dante:
Cuando terminaron, dejaron caer las manos casi al mismo tiempo y se miraron. Ezra se inclinó hacia él, buscando apoyo, y Draco, como si entendiera la solemnidad del momento, se acomodó entre ambos, ronroneando suavemente, aportando un calor sencillo que contrastaba con la carga emocional que los envolvía.
—Es un bonito lugar para descansar —comentó Dante con una sonrisa leve, sincera.
—He dejado una fortuna aquí —bromeó Ezra, y por un segundo, breve pero necesario, ambos rieron, dejand