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*—Dante:

Era domingo y se habían levantado temprano, demasiado temprano para lo que solían, pero ese día no era uno cualquiera: tenían un propósito, casi una misión silenciosa que pesaba en el ambiente desde que abrieron los ojos.

Dante condujo con una calma inusual, y de vez en cuando desviaba la mirada hacia Ezra, sentado a su lado en el asiento del copiloto, sosteniendo con cuidado un elegante ramo de peonías. Su sonrisa era tenue, apenas un rastro de luz, pero estaba ahí, firme, mientras s
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