*—Ezra:
Cuando Dante se fue, algo dentro de Ezra no encajó bien.
No fue inmediato, no al principio, fue un segundo después, cuando el sonido de la puerta principal abriéndose y cerrándose marcó la ausencia de su alfa con una claridad brutal. Entonces sí, el estremecimiento llegó sin aviso, recorriéndole la espalda como una corriente fría que le erizó la piel y le encogió el pecho. Su cuerpo lo sintió antes de que su mente pudiera procesarlo, como si cada célula protestara por esa distancia rec