*—Dante:
En el camino, Ezra se había quedado en silencio, recostado contra el asiento, con los ojos entrecerrados como si luchara por no quedarse dormido. Se veía agotado, más de lo normal, y Dante no pudo evitar sentir un peso en el pecho al pensar que quizás había exigido demasiado de él esos día. Entre la intensidad de lo que estaban viviendo y la visita a su familia, probablemente había terminado de consumir la poca energía que le quedaba. Debería dejarlo descansar, aunque su mente no dejab