JADE AL-QALA
—Dile que puede entrar. Pero solo por unos minutos. Y adviértele: si me hace daño otra vez, si me miente o me presiona de cualquier forma, se irá para siempre. Sin excusas, sin segundas oportunidades. Esa será la última vez que lo vea.
Malak asintió, una pequeña sonrisa de orgullo se dibujó en sus labios. Se levantó y se dirigió hacia la puerta, dejándome sola unos instantes para prepararme.
Escuché sus pasos alejarse y luego su voz hablando en el pasillo, bajita, casi un susurro.