HASSAN AL-ÁSAD
El aire de la habitación se sentía más ligero, como si por fin se hubiera abierto una ventana después de cinco días y cinco noches de encierro, de dolor y de incertidumbre. Había caminado sobre vidrios rotos todo ese tiempo, esperando ese instante en el que ella me permitiera cruzar el umbral y estar cerca de nuevo. Ahora que estaba ahí, arrodillado frente a ella, viéndome a los ojos y dispuesta a escucharme, sentía que cada segundo de sufrimiento había valido la pena. Estaba lis