HASSAN AL-ÁSAD
Siento como mi teléfono vibra en mi bolsillo, lo tomo y observo que es un mensaje de Jamil.
*Ya llegamos, majestad*
Bloqueo el teléfono y me sirvo otra copa de araq; la necesito.
La bebo de un solo trago y escucho cómo la puerta de mi despacho se abre abruptamente y por esta veo entrar a mi chiquilla con el rostro completamente rojo por el llanto. Mi pecho se oprime al verla así; quisiera estrecharla entre mis brazos y consolarla, pero ahorita no me siento digno de tenerla a