CAPÍTULO 52

HASSAN AL-ÁSAD

Caminaba como león enjaulado en mi oficina desde que mi chiquilla había salido por esta puerta.

Sabía que lo que se venía me traería problemas, y más al recibir un mensaje de Jamil informándome que mi mujer había salido llorando de la casa de sus padres, pero eso no era lo que me tenía tan molesto; lo que me tenía así era la visita… De esa maldita mujer.

Raissa había tenido el maldito cinismo de haber venido a mi casa, a la casa de mi chiquilla.

Sentí tanta rabia de solo verla;
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