HASSAN AL-ÁSAD
Y entonces empezó la espera. Una espera que se me hizo eterna, una tortura lenta y cruel que me desgarraba las entrañas.
Pasaron los minutos, o tal vez fueron horas, no lo sé. El tiempo había perdido todo significado, convertido únicamente en una medida de mi agonía. Cada segundo que transcurría en silencio, sin noticias, sin saber si ella seguía respirando, si mi hija seguía luchando, era un golpe directo al alma. Me paseaba de un lado a otro, con la mirada fija en las puertas c