JADE AL-QALA
Pasaron unos días, días que se me hacían cortos y eternos a la vez, llenos de caricias, de palabras tiernas y de esa paz que solo él sabe darme. Ya había cumplido ocho meses de embarazo, y mi cuerpo, ahora más redondo, pesado y hermoso, era el reflejo más tangible de todo lo que habíamos construido juntos. Cada movimiento que sentía dentro de mí, cada patadita suave o fuerte que me hacía sonreír o me dejaba sin aliento, me recordaba que mi vida estaba a punto de cambiar para siemp