CAPÍTULO 25. LA BESTIA
Sicilia, Italia.
Lisandro caminaba por el sendero de grava, rodeado por inmensos árboles que tenía su propio bosque personal. Al llegar a la terraza, se sentó en uno de los mullidos sillones y sacó un puro.
Disfrutaba de saber que su imperio había crecido como siempre lo había soñado, al haberse aliado con Rinaldi.
—Solo me faltan herederos—. GianCarlo —gritó.
—Sí señor —el hombre se acercó con rapidez.
— Ya estoy más relajado dime que es lo que querías decirme hace un rato —ordenó.
—Ya sabemo