CAPÍTULO 24. UNA VIDA SOLITARIA
A la mañana siguiente.
Antonella ingresó a la cocina, envuelta en la bata de dormir de él, sacó una bolsa de pan de caja de la despensa, y los colocó sobre una sartén en la estufa.
—¿Se le ofrece algo a la señorita? —cuestionó la joven cocinera, quien no pudo evitar mirarla de abajo hacia arriba, reconociendo aquella bata, presionó con fuerza sus dientes para no decir nada.
—No, nada —respondió mientras seguía mirando un tutorial para preparar tostadas de pan con mantequilla y mermelada—, bueno