— “Buf… buen trabajo, hermano, bravo,” dijo la voz grave de la figura, dejando escapar una risa salvaje y estruendosa.
Una risa tan fuerte… ¡que parecía clavarse profundamente en el cráneo de Antonio!
¿Quién más podía ser sino Infierno Ardiente? Sí… Infierno Ardiente.
Antonio lo miró con puro desprecio en el rostro. Era el mismo hombre que había provocado la pérdida de memoria de Maya.
Aquel que lo separó de ella aquel día… y lo hizo clavarle un cuchillo en el abdomen. Desde entonces, Antonio s