DENTRO DE LA SUITE DE ANTONIO*
—Dios… te extrañé tanto —dijo, sentándose sobre sus piernas, mientras la mano de Antonio acariciaba su cintura.
—No sabes cómo sobreviví allí. Cada vez que cerraba los ojos, te veía… y cuando los abría, te extrañaba aún más. Dormía solo para soñarte. Ahora que por fin te tengo entre mis brazos… —murmuró Antonio, con emoción en sus ojos.
—Hagámoslo otra vez —susurró Maya, mordiéndose el labio inferior.
—¿Hacer qué? —preguntó él, alzando una ceja.
—Lo de la última vez… extraño tus caricias… tu toque —dijo ella en un susurro.
Antonio sonrió con picardía.
—¿No me digas que es lo que estoy pensando?
—Exactamente eso —respondió Maya con una sonrisa traviesa.
—Traviesa… —susurró él.
—Tú me enseñaste… —replicó ella, con chispa en los ojos.
Antonio la acercó lentamente y el beso comenzó. Primero suave… luego intenso. Sus corazones latían como si compitieran entre sí, y sus labios parecían negarse a separarse.
Las manos de Maya acariciaron su pecho amplio, su piel