Antonio Nio”, murmuró en voz apenas audible, antes de desplomarse en el suelo, su cuerpo inerte.
HOSPITAL*
Habían pasado horas desde que Maya fue llevada al hospital, y todavía no había recuperado el conocimiento. Vinagre era la única esperando por ella en su habitación, observando cómo lentamente abría los ojos.
La cabeza de Maya estaba vendada, sus labios pálidos, y su rostro amargado. Al escanear sus alrededores, se dio cuenta de que estaba en el hospital, pero sus recuerdos eran confusos.
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