Antonio Nio”, murmuró en voz apenas audible, antes de desplomarse en el suelo, su cuerpo inerte.
HOSPITAL*
Habían pasado horas desde que Maya fue llevada al hospital, y todavía no había recuperado el conocimiento. Vinagre era la única esperando por ella en su habitación, observando cómo lentamente abría los ojos.
La cabeza de Maya estaba vendada, sus labios pálidos, y su rostro amargado. Al escanear sus alrededores, se dio cuenta de que estaba en el hospital, pero sus recuerdos eran confusos.
Entonces, sus ojos se posaron en Vinagre, y los eventos regresaron de golpe. Recordó a Antonio pidiéndole que se fuera, la discusión, el edificio explotando y Antonio…
—Gracias a Dios que despertaste, estaba muy preocupada por ti —dijo Vinagre con evidente alivio.
—¿Dónde está Antonio? Por favor dime que está aquí, dime que el edificio no explotó con él, dime que está a salvo, dime que está vivo —preguntó Maya, y sus lágrimas fluyeron como un río.
—Él… —vaciló Vinagre.
—¿Qué pasa con él? —su voz