La semana con doña Marguerite fue... intensa.
No en el mal sentido. Ella no gritaba, no golpeaba puertas, no armaba escándalos. Pero estaba ahí. Todo el tiempo. Sentada en el sillón de la sala, tomando té, observando. Como un juez silencioso. O un águila de cabello blanco.
Me observó dando el desayuno a los niños. Me observó cortando zanahoria en forma de estrella. Me observó leyendo cuentos antes de dormir, haciendo voz de monstruo para que Léo se riera, dibujando al lado de Lara en completo s