Simplemente no podía dormir.
Me giré a la izquierda en la cama, me giré a la derecha, me enredé toda en la sábana de algodón, me desenredé enfadada. Nada. Cero sueño. El beso arrollador que nos habíamos dado en el despacho todavía ardía en mis labios como pimienta pura. La mesa de cristal tambaleándose. Sus manos grandes enredándose en mi pelo. La lengua caliente. El gemido grave. El "vas a acabar conmigo" resonando en bucle en mi cabeza.
Joder.
Me quedé mirando las sombras del techo. Su habi