Elena
Dos horas después
El coche negro se deslizó por el portón. Arthur ya se había ido. Reunión. Se fue. En contra de su voluntad. Pero se fue. Yo me duché. Me puse un short azul y una camiseta de tirantes blanca. El cabello recogido. Los pies descalzos.
El coche se detuvo. Sebastião bajó. Abrió la puerta.
Los niños salieron corriendo.
—¡ELENA! —gritó Léo. Se lanzó a mi cuello. Casi me derriba.— ¡LA ABUELA ME COMPRÓ UN MÓVIL!
—¿Un móvil? Tienes seis años.
—¡ES DE MENTIRA!
—Ah.
—¡PERO ES IGUAL