Simplemente no podía dejar de pensar en la noche anterior. Literalmente cada tres segundos mi mente reproducía en alta definición todo lo que había pasado.
Solo de recordar la escena en el asiento trasero del sedán, en la penumbra, los ojos oscuros de Arthur mirándome totalmente sorprendido y sin aliento después de lo que hice en el coche... Dios mío. Había sido una de las experiencias más eléctricas, arriesgadas y emocionantes de toda mi vida.
Salí de repente de mi trance de pensamientos cali