Su pecho. Los músculos pectorales perfectamente definidos. El vello claro bajando por el abdomen marcado hasta desaparecer por la línea de la ingle dentro del pantalón de pijama gris. La barba oscura. Los ojos profundamente sombríos. Todo en él era exagerado. Era la perdición en persona.
Tragué saliva en seco, sintiendo mi garganta rasgarse.
— Simplemente no logro dormir — respondí, la voz saliendo un poco más estrangulada y temblorosa de lo que me habría gustado. — Y tú tampoco, por lo visto.