La última vez que supe de Arya fue hace seis días, cuando la dejé en el aeropuerto, rumbo a quién sabe dónde.
Sé que me dijo que se comunicaría, pero maldita sea... ¿acaso no merecía al menos saber si llegó bien a su destino?
A decir verdad, hace días que la cordura empezó a desmoronarse en este lado del charco.
Cada hora que pasa siento que algo dentro de mí se deshace, como si la falta de Arya estuviera pudriendo mi alma, gota a gota. Intenté refugiarme en el trabajo, hundirme en él hasta p