Casa abandonada.
Polonia.
Arya
Le entrego el celular a Donato, que me observa con esa preocupación silenciosa que ya me conozco de memoria. Le sonrío apenas, lo justo para que no pregunte nada, y me incorporo del suelo, sacudiéndome el polvo como si eso pudiera quitarme también el peso del pecho.
Hace dos horas nos infiltramos en los alrededores de una casa abandonada. Llevamos siete días planeando esta operación y apenas hace 48 horas recibimos las órdenes oficiales. Las típicas: frías, secas.