Aunque nuestra luna de miel fue interrumpida por el trabajo de Arya, llegamos al aeropuerto de Roma Fiumicino algunas horas después. El vuelo desde Saint-Tropez se sintió como un suspiro. Tal vez porque me pasé cada maldito segundo observándola dormir. Se veía tan en paz, tan ajena al infierno que llevamos dentro.
Y no puedo evitar preguntarme si podrá dormir allá a donde va.
O si estará viva para contarlo.
Mientras ella saluda a Lauren, me alejo a comprarle un café. Necesito hacer algo, cualqu