**Rowan**
Mikail era un maldito payaso. Lo observaba fingir compostura, dándome respuestas diplomáticas con ese aire de superioridad que me revolvía el estómago.
Pero esta vez no mordí el anzuelo. Sonreí, fingí que me tragaba su juego, porque tenía un as bajo la manga, algo que él no sabía.
Y si mi intento de ser “civilizado” no funcionaba… bueno, siempre podía recurrir al caos.
Al final del día, yo no había venido a pedir favores. Había venido a recuperar lo que era mío.
Mikail se