**Eloísa**
Años atrás, el mundo se me partió en dos en el gran salón de Silverbane.
Recuerdo el murmullo primero. Luego los rostros tensos. Después, las palabras que nadie quiere oír jamás sobre un hijo.
—Mikail será desterrado —anunció el anciano mayor—. Por sus crímenes contra la manada.
No escuché nada más. El suelo se inclinó y el aire me abandonó los pulmones.
Desperté con el sabor metálico del miedo en la boca y la voz de Severino llamándome.
—Eloísa… amor… mírame.
—¿Ágata? —fue lo primero que pregunté—. ¿Dónde está mi niña?
Severino no respondió de inmediato. Y ese silencio fue peor que cualquier sentencia.
—Estará en el calabozo del rey Alfa —dijo al fin—. Por un largo tiempo.
Grité. No recuerdo cuánto ni cómo. Solo sé que algo dentro de mí se quebró para siempre. Mikail desterrado. Ágata encerrada. Dos hijos perdidos el mismo día.
Los días siguientes fueron caos puro. Severino asumió el mando de Silverbane mientras Mikail huía como un animal herido, pero la manada ya no confi