—¿Qué buscas aquí? —logré preguntar, con la voz áspera por la emoción.
Él arqueó una ceja.
—Es simple. Respuestas.
Eso fue suficiente para que todos mis pecados regresaran de golpe:
La imagen de Lyra huyendo. Su llanto. Mi cobardía. El miedo disfrazado de decisión.
—No tengo nada que ofrecerte —dije—. Solo errores y mucho arrepentimiento.
Aiden no apartó la mirada.
—No vine a pedir perdón ni a concederlo —respondió con tono filoso—. Vine a mirar al hombre que me dio la vida… y quizás entender p