Diez años.
Habían pasado diez años desde que el hombre que juré matar entró en mi vida y la incendió. Diez años en los que sufrí como desgraciada, pero que aprendí a amar con potencia. Me miré en el espejo de cuerpo entero. Mi vestido de seda esmeralda caía como agua sobre mi figura. Me sentía increíble, sexy, como la Avery de antes, pero la verdad es que la Avery de antes había muerto en ese manicomio. La mujer que miraba ahora era la madre de tres y la señora Savage, cuyo corazón vivía fuera