Los días en el hospital fueron un borrón de tubos, máquinas y el constante tintineo de monitores. Para el mundo exterior, éramos la pareja que había sobrevivido a un brutal ataque, los héroes que el doctor insistía en llamar. Para mí, eran los días más sagrados de mi vida. Me levantaba de la cama, ignorando el dolor punzante en mis costillas, para sentarme junto a Avery.
La prensa se volvió loca. Hablaban de un "ajuste de cuentas" entre mafiosos, de "la bala del amor que no mató a Darak Savage"