El muelle olía a sal, gasolina y la promesa de un futuro robado. La luz de la tarde bañaba la costa, y allí estaba mi sorpresa, amarrada y lista: un yate de motor deportivo, elegante y rápido. No sé como Avery logró escapar de nuevo con mi hijo, pero cuando Dalton me vio corrió a mis brazos y me abrazó con tanta fuerza que casi me rompió los huesos. Lo extrañé tanto y se lo dije. Le dije que me hozo tanta falta como respirar y que nunca más estaríamos separados.
—Vengan más cerca.
Avery y Dalto