Una semana de ansiedad y mentiras.
Una semana de esquivar a Viktor, cuyas miradas se habían vuelto tan afiladas como navajas. Yo sabía que sucumbir a Darak era romper todo tratado, era una traición absoluta a la alianza que me dio la libertad y a la venganza que me había mantenido viva, pero era inevitable. Aún era pronto para llamarlo amor, esa palabra sonaba demasiado dulce para algo que había nacido del fuego, pero ese Darak, el hombre que me pedía perdón de rodillas, me movía el piso y, por