La vida en las sombras tiene un sabor amargo. El aire no huele a libertad, sino a polvo y a humedad. La luz de la televisión, la única ventana a un mundo que no me pertenecía, me quemaba los ojos. Me había cortado el cabello, había cambiado mi ropa, había borrado mi nombre. Ya no era Avery Fox, la marioneta. Era una sombra, un eco, un fantasma. Un fantasma que Darak creía haber enterrado.
Desde la soledad de mi escondite, comencé a construir mi nuevo ejército. No eran hombres de negocios, ni ma