La punta afilada del bolígrafo se sintió como una daga en mi piel, pero no hubo dolor. Solo la presión, el calor tibio de la sangre que brotaba y la sensación del sedante que se filtraba en mi cuerpo. El guardia, mi cómplice silencioso, se movió con una precisión fría. Su rostro era una máscara de neutralidad, pero sus ojos, por un breve segundo, me mostraron el más puro terror.
No era miedo a Darak, sino a mí, a lo que yo era capaz de hacer. El sonido de mi grito, fue la última cosa que escuch