La mujer a mi lado, un maniquí de alta costura que había contratado para la noche, era la perfección de la discreción. La necesitaba para no llegar solo, para no alimentar los rumores que, como insectos molestos, se arrastraban por mi imperio.
Recibí una invitación para el lanzamiento del nuevo whisky. Uno de mis más cercanos socios se lanzaba al mundo de las bebidas alcohólicas y quería contar conmigo. Se podían decir mil cosas de mí, pero ante todos era un hombre con poder, y donde pisaba est