La sonrisa en mi rostro era una máscara que Darak, mi "esposo", me había obligado a ponerme. Mis manos, mis pies, mi cuerpo, todo estaba bajo su control. El rey de este infierno me paseaba por la fiesta, presentándome a sus socios, sus rivales, sus enemigos, como si me amase o me manipulase. El collar de diamantes en mi cuello se sentía como una cadena que unía a él y muchas mujeres me lo alagaron. Podía ser la mujer más hermosa en la fiesta, pero estaba jodida hasta los huesos, y si no mostrab