Mundo ficciónIniciar sesiónNarra Kaia
Cerré los ojos y busqué dentro de mí esa puerta que nunca se cerraba completamente. El Sifón respondió inmediatamente, despertándose con un hambre que reconocí demasiado bien. Pero esta vez fue diferente. En el momento en que abrí esa puerta, el Sifón no buscó magia distante o débil. Buscó la fuente más cercana y poderosa. Buscó a Nox. Mis ojos se abrieron bruscamente cuando sentí el tirón. No era el hambre controlada que había experimentado con las brujas. Era algo más intenso, más desesperado. Como si reconociera algo en su magia que necesitaba. —Ciérralo —dijo Nox inmediatamente con voz cortante. —Estoy intentando— —Ahora, Kaia.—interrumpió. Pero el Sifón no quería cerrarse. Tiraba con fuerza, tratando de alcanzar la magia que sentía tan cerca. Mis manos temblaban. El violeta se encendió en mis ojos, más brillante que nunca. —No puedo—murmuré luchando contra mi misma. Nox se movió. En un segundo estaba a varios metros. En el siguiente estaba directamente frente a mí con su mano cerrándose alrededor de mi muñeca. El contacto fue como electricidad. La magia fluyó entre nosotros instantáneamente. No era absorción completa, más como degustación. Sentí el poder demoníaco tocar el Sifón, antiguo y vasto y completamente diferente a cualquier cosa que hubiera experimentado. Y dolió. No como dolor físico, fue como si algo dentro de mí estuviera siendo estirado más allá de su límite, forzado a contener algo demasiado grande, demasiado denso. Grité. Nox me soltó inmediatamente y el flujo se cortó. Caí de rodillas, jadeando. —¿Qué... qué fue eso? —Tu Sifón intentando absorber poder que no puede procesar todavía —respondió Nox, su voz más controlada que antes pero con tensión subyacente—. Tu cuerpo no está adaptado para magia demoníaca. Necesita entrenamiento antes de que puedas manejarlo. —Dijiste que era seguro— —Dije que estaría aquí para detenerte. Lo cual hice. Me obligué a respirar. El dolor estaba disminuyendo, pero dejó un eco inquietante. Como si algo dentro de mí hubiera sido permanentemente alterado por esos segundos de contacto. —Otra vez —dijo Nox. —¡¿Qué?!—exclamé. —Levántate. Inténtalo otra vez. —¿Estás loco? Casi— —Casi perdiste el control porque no sabías qué esperar. Ahora lo sabes. Inténtalo otra vez, pero esta vez mantén el Sifón parcialmente cerrado. No lo abras completamente. —No funcionará—suspiré —Funcionará si dejas de anticipar el fracaso. Lo miré con incredulidad. —¿Esto es realmente entrenamiento o solo quieres verme sufrir? —Es entrenamiento. Y si fuera sadismo, hay formas más eficientes. Su tono era completamente serio. Me puse de pie con piernas inestables. La marca en mi brazo pulsaba con calor constante, recordándome que había acordado esto. Cumplimiento. Obediencia. Maldición. —Bien —dije—. Pero si vuelvo a perder control, es tu culpa. —Aceptado. Cerré los ojos otra vez y busqué el Sifón. Esta vez fui más cautelosa. En lugar de abrir la puerta completamente, solo la abrí una rendija. Lo justo para sentir la magia alrededor sin dejarla inundar. Fue... diferente. En lugar de hambre abrumadora, sentí curiosidad controlada. El Sifón seguía queriendo absorber, pero ya no tiraba con desesperación. Solo exploraba, tocando la magia ambiental sin tragarla. —Mejor —dijo Nox—. Mantenlo ahí. No lo abras más. —Es difícil... quiere más... —Por supuesto que quiere más. Esa es su naturaleza. Pero tú eres quien controla cuánto recibe. Mantuve la puerta parcialmente abierta durante lo que parecieron minutos. El esfuerzo era agotador, como sostener un peso muerto que constantemente intentaba caer. Sudor comenzó a formarse en mi frente. —Suficiente —dijo finalmente Nox—. Ciérralo. Esta vez cuando cerré la puerta, el Sifón obedeció. Lentamente y con resistencia, pero obedeció. Cuando abrí los ojos, Nox me observaba con expresión evaluadora. —Progreso —dijo—. Mínimo, pero progreso. —Se siente terrible. —Se sentirá terrible durante semanas. Eventualmente tu cuerpo se adaptará.—respondió encogiéndose de hombros. —¿Y si no lo hace?—cuestioné. —Entonces te seguirás sintiendo terrible pero aprenderás a funcionar de todas formas. Qué reconfortante. —¿Cuánto tiempo tenemos que hacer esto? —pregunté. —Diariamente. Varias horas. Hasta que puedas controlar el Sifón completamente sin mi intervención. —¿Y luego? —Luego empezamos la siguiente fase. —¿Qué siguiente fase?—la desconfianza era notable en mi voz. —Absorción controlada de magia demoníaca real. Pero eso es problema para después. Por ahora, concéntrate en no colapsar. Maravilloso. Pasamos las siguientes horas repitiendo el ejercicio. Abrir parcialmente. Mantener. Cerrar. Una y otra vez hasta que mis piernas temblaban y mi visión se nublaba por agotamiento. Finalmente, Nox detuvo la sesión. —Suficiente por hoy. Casi lloré de alivio. —¿Puedo irme? —Puedes. Alguien te llevará de vuelta a tu habitación. Como si lo hubiera convocado, una figura apareció en la entrada de la sala. Uno de los subordinados demoníacos que había visto ayer. Theron, creo que Nox lo había llamado. —Descansa —dijo Nox—. Mañana empezamos más temprano. —Por supuesto que sí —murmuré. Seguí a Theron fuera de la sala, mis piernas apenas sosteniéndome. Cuando llegamos a mi habitación, me dejé caer en la cama sin quitarme las botas, ignorando la bandeja con comida que yacía sobre la mesita. Cada músculo dolía. La marca ardía. Mi cabeza pulsaba. Pero por primera vez desde que había llegado al Inframundo, el agotamiento fue más fuerte que el insomnio. Cerré los ojos y me dejé caer en la oscuridad.






