—Hogar, dulce hogar —murmuró Nathaniel, entrando detrás de nosotros con el rostro todavía ligeramente pálido pero ya recuperándose.
—Las defensas externas están bien —dijo Kaerith después de un momento—. Pero necesito activar las internas también. Las capas secundarias, las trampas en los pasillos y los sellos en las ventanas.
—Hazlo —respondí—. Y asegúrate de que los símbolos de advertencia estén funcionando al máximo. Si alguien intenta acercarse a menos de un kilómetro, quiero saberlo de inm