Disparo a mi memoria.
MILA.
Me zafé de su agarre con un movimiento brusco, aunque el calor de sus dedos pareció quedarse tatuado en mi piel.
—¿Por qué no? —siseé, bajando la voz al notar que un par de invitados nos observaban desde la entrada del salón—. Te acabas de besar con ella, Lucio. Te quedaste ahí, inmóvil, dejando que te marcara como si fueras su maldito trofeo. ¡Frente a mis ojos!
Lucio dio un paso hacia mí, invadiendo mi espacio hasta que mi espalda rozó la pared del pasillo. Su rostro recuperó esa