Punto de Vista de Vicente
El momento en que vi los restos carbonizados y retorcidos del coche de Isabela, una parte de mí murió con ella.
Me encerré en su antiguo estudio, convertido ahora en un santuario abandonado.
Su aroma—lirios y trementina—aún impregnaba el aire.
En el caballete estaba su último boceto inconcluso.
Mi perfil.
Había dibujado mi rostro cientos de veces.
Y yo jamás la había visto de verdad.
Encontré su diario y lo leí, página por página. Cada entrada era una nueva estocada e